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El tomate canario es un producto clave para la economía del Archipiélago, reconocido por su sabor, olor y calidad excepcional. Su cultivo es impulsado por las condiciones climáticas únicas de las Islas, con vientos alisios y temperaturas estables, lo que lo diferencia de otras variedades. Sin embargo, los productores locales enfrentan una competencia desleal debido a la venta de tomates importados bajo la etiqueta de “tomate canario”.


Con una producción anual de alrededor de 300.000 toneladas, el tomate ha sido tradicionalmente un pilar del sector agrícola canario, generando empleo y dinamizando la economía rural. No obstante, la crisis del sector ha llevado a la reducción de exportaciones, afectando a muchas explotaciones que antes enviaban su producto fuera del Archipiélago.


El aumento de los costos de transporte y producción, agravado por factores externos como la guerra en Ucrania y la alta demanda de mano de obra, ha dificultado la competitividad de los agricultores canarios. Aunque Gran Canaria sigue liderando la exportación, en el pasado Tenerife y Fuerteventura han jugado un papel importante en el mercado internacional.


El fraude en el etiquetado del tomate canario ha sido un obstáculo adicional para los productores locales, ya que muchos consumidores no pueden distinguir entre el producto auténtico y las imitaciones. Esto ha afectado el valor del tomate canario en el mercado, reduciendo sus oportunidades de crecimiento.


A pesar de estos desafíos, el sector sigue luchando por mantenerse a flote y recuperar su competitividad. Los agricultores buscan estrategias para proteger su producción y destacar la calidad y autenticidad del tomate canario, un producto que ha sido parte fundamental de la identidad agrícola de las Islas.